Según datos de la entidad, cada año se producen 3.000 nuevos casos de ictus en el archipiélago canario. “Las primeras 24 horas de movilización son esenciales para los pacientes de ictus hemodinámicamente estable”, explica la comisión de Neurología de la COFC en un comunicado del que se hace eco la agencia Efe. “El tiempo de reacción es vital para reducir secuelas y evitar la mortalidad”.

En este sentido, recuerdan, existen síntomas de alerta que pueden prevenir de un posible ictus: la pérdida brusca de la fuerza, sensibilidad movimiento de alguna parte del cuerpo. De forma menos frecuente se producen alteraciones en el lenguaje, la coordinación y el equilibrio o dolor de cabeza repentino, intenso y sin causa aparente que puede cursar acompañado de vómitos. Una vez se ha producido el ictus, la aplicación de tratamiento fisioterapéutico, que debe comenzar cuando atentes.

En la Comunidad Autónoma de Canarias, el traslado del paciente con un cuadro de infarto cerebral es prioritario, y se le realiza un tratamiento precoz. La primera fase de ingreso hospitalario tiene como objetivo reforzar las extremidades y recuperar la estabilidad del tronco para que, en una segunda fase, el afectado de ictus pueda ponerse en pie y caminar. A partir de ese punto, los profesionales tratarán de recuperar la máxima función motora posible y, con ello, la autonomía y calidad de vida del paciente.

Por sus utilidades, la COFC defiende para ello la práctica de ejercicio aeróbico regular:

  1. Controla el peso.
  2. Combate el estrés.
  3. Reduce la frecuencia cardíaca en reposo.
  4. Disminuye el riesgo de patología cardiovascular y cerebrovascular

No obstante, advierten, a pesar de los esfuerzos al 40% de los afectados de ictus le queda algún tipo de discapacidad o secuela; entre las más frecuentes:

  1. Parálisis.
  2. Riesgo de demencia.
  3. Dificultades cognitivas.
  4. Dificultades con el lenguaje.
  5. Trastornos emocionales (depresión y ansiedad)