La investigación, publicada en Neuron y recogida por EurekAlert, es la primera que conecta el autismo con uno de las moléculas del dolor más conocidas: el TRV1. Hasta el momento no se había investigado lo suficiente sobre los mecanismos que conducen a los problemas sensoriales del autismo, ha reconocido uno de los autores, Yong-hui Jiang, profesor asociado de Pediatría y Neurobiología.

En un estudio anterior, los científicos de la Universidad de Duke llevaron a cabo una investigación en ratones con autismo en los que eliminaron el gen SHANK3 que se encuentra mutado en un 1% de los pacientes con autismo. El 70% de los individuos con autismo que presentan mutaciones en el SHANK3 tienen problemas sensoriales, aseguran los investigadores.

Reducir el nivel de SHANK3 disminuye la capacidad de TRPV1

En el estudio publicado ahora en Neuron, los investigadores sometieron a ratones con deficiencia del gen SHANK3 a pruebas para comprobar su capacidad sensorial y detectaron que los animales tenían una sensibilidad más baja al calor y al dolor que los roedores normales. Según el estudio, la proteína que expresa SHANK3 está presente en el cerebro y en un grupo de neuronas sensibles al dolor denominadas ganglios de las raíces dorsales.

Además, los investigadores descubrieron que tanto SHANK3 como TRPV1 están presentes en las neuronas sensoriales del ganglio de la raíz dorsal e interactúan. En los ratones que tienen déficit de SHANK3, TPRV1 nunca llega a la superficie celular. Perder la mitad del nivel normal de SHANK3 reduce drásticamente la capacidad de TRPV1 de transmitir señales de dolor, afirma la investigación. Por lo tanto, apuntan los investigadores, SHANK3 es una molécula crucial para la sensación de dolor.

Este estudio también ha mostrado que SHANK3 se expresa en las partes emisoras de la sinapsis, conocidas como terminales presinápticos. Los investigadores esperan entender más adelante qué funciones desempeña esta proteína en estos terminales. “Eso cambia nuestra comprensión de cómo estos 2 componentes (de la sinapsis) trabajan juntos para contribuir al comportamiento relacionado con el autismo y pueden cambiar la forma de desarrollar tratamientos efectivos”, concluye Jiang.