Actualmente, las cócleas artificiales ofrecen grandes resultados clínicos tanto a pacientes con sordera adquirida como congénita; sin embargo, los resultados de la implantación son “extremadamente variables” y su viabilidad, impredecible. Según los datos recogidos en la revista European Annals of Otorhinolaryngology, Head and Neck Diseases, esta tecnología continúa siendo inútil para entre un 5 y 10% de los pacientes sordos adultos.

Para dar respuesta a esta incógnita, la otorrinolaringóloga del Institut Arthur Vernes de París, Diane Lazard, y la neurocientífica de la Facultad de Medicina de la UNIGE, Anne-Lise Giraud, estudiaron la actividad del cerebro de pacientes sordos e implantados. Para poder observar sus redes neuronales en acción, las autoras se valieron de técnicas de neuroimagen funcional (fMRI).

El experimento consistió en “mostrar a los sujetos algunos estímulos visuales como palabras escritas y preguntarles si estas rimaban entre sí, tenían el mismo ritmo o un final ortográfico similar”. Para responder a estas cuestiones, los voluntarios debían recurrir a su “memoria de sonidos”, explican las científicas en una nota de prensa de la universidad.

Según admiten, el equipo asumió que los sujetos con deficiencia auditiva serían más lentos y menos precisos que sus compañeros del grupo control, formado por personas sin ninguna dificultad de audición. Sin embargo, comprobaron que ciertas personas sordas eran capaces de completar la tarea más rápido y con mayor precisión que sus contrapartes normoauditivos.

La hipótesis de las autoras es que, en estos “super lectores”, capaces de manejar palabras escritas a mayor velocidad que los sujetos sanos, “el cerebro habría optado por sustituir la oralidad mediante intercambios escritos y se habría reestructurado en consecuencia”. Los circuitos cerebrales de estos individuos “están situados en el hemisferio derecho, se organizan de manera diferente y, por lo tanto, los implantes cocleares dan resultados pobres”, sugieren.

Por otro lado, los voluntarios sordos que realizaron las tareas con una eficacia similar a los oyentes “permanecían anclados a la oralidad y mantenían una organización fonológica parecida a las personas oyentes, que utilizan el hemisferio izquierdo”, motivo por el cual obtienen más beneficios de los implantes cocleares. La reorganización cortical jugaría, por tanto, un papel esencial en la viabilidad de los implantes, cuyo éxito o fracaso podría depender directamente de las interacciones entre los sistemas auditivo y visual.