“Es muy importante que el médico rehabilitador establezca una correcta alianza terapéutica con el paciente para promover una mejoría en la asimilación de las secuelas, en la persecución de objetivos realistas y para evitar caer en la tentativa de realizar terapias poco fiables, así como abandonos de medicación”, explica Sara Laxe, portavoz de la SERMEF.

Según subraya la doctora, las secuelas de un daño cerebral son múltiples y repercuten no solo sobre el paciente, sino también sobre su familia y su entorno. 3 de cada 4 pacientes con daño cerebral grave necesitan algún tipo de ayuda para realizar las actividades básicas de la vida diaria, y en un 80% de los casos esta ayuda recae en la familia.

La SERMEF destaca que el médico rehabilitador ha sido entrenado para valorar los déficits y la discapacidad secundaria a una lesión cerebral. “El profesional debe coordinar el proceso rehabilitador con el resto de médicos, como por ejemplo neuropsicólogos, logopedas, fisioterapeutas o terapeutas ocupacionales”.

La organización explica que el daño cerebral adquirido es la afectación repentina del funcionamiento del cerebro en una persona que, sin tener ningún daño cerebral previo, sufre una lesión externa o interna. Según los últimos datos epidemiológicos, en España viven unas 420.000 personas con daño cerebral y el 90% presenta secuelas. De ellos, el 78% de los casos se deben a ictus y el 22% restante son secundarios a traumatismos craneoencefálicos u otras causas.