“A medida que las personas envejecen, su sistema auditivo periférico y central, -es decir, las áreas del cerebro que reciben e interpretan el sonido-, pierden funcionalidad” resumen los autores principales del estudio, Yi Du y Claude Alain, “por eso otras áreas aumentan su actividad, para compensar”.

Esta nueva tarea, distinguir entre los sonidos de una conversación y el ruido de fondo, es asumida entonces por la parte del cerebro específica del habla, situada en el lóbulo frontal. Es la conclusión a la que han llegado los investigadores tras analizar la actividad de 32 sujetos voluntarios.

Tal como publica la revista Nature Communications, un total de 16 pacientes jóvenes, entre 21 y 34 años y 16 adultos de la tercera edad, entre 65 y 75 años, fueron monitorizados mediante resonancia magnética funcional (IRMf) mientras trataban de identificar diferentes sílabas (/ba/, /ma/, /da/ y /ta/), todo ello en un contexto con ruido de fondo cambiante. 

La vocal seleccionada para la prueba fue la “a” por su utilidad al proporcionar una relación señal-ruido (SNR) superior, en relación con el espectro de escáner de resonancia magnética. Los otros 4 fonemas se escogieron para investigar la percepción de varias articulaciones, labiales y alveolares. 

El experimento demostró que los ancianos con una actividad frontal más fuerte, tenían una percepción más específica de los fonemas. Se trata de un “hallazgo importante”, teniendo en cuenta que el 90% de la población geriátrica mayor de 80 años, padece pérdidas significativas de la audición y que esto afecta a su capacidad de sociabilización y, por lo tanto, a su calidad de vida. 

Gracias al estudio, puede abrirse una nueva perspectiva en cuanto al uso de audífonos en la tercera edad.  “Es cierto que, frente a un problema de audición, el anciano puede usar un dispositivo de ayuda, aunque es difícil que pueda focalizar la atención solo en la voz de una persona y no mezclarse con el ruido de fondo”, argumentan los autores. 

Sin embargo, “al evidenciar que hay otras zonas del cerebro que afectan a la audición, sí pueden diseñarse programas de entrenamiento dirigidos a estas áreas, para intentar mejorar su uso”, sugieren Alain y Du.