Coincidiendo con la celebración del Día Mundial, IMQ se ha sumado a la campaña para dar a conocer el citado síndrome de piernas inquietas, una patología que afecta sobre todo a gente de entre 50 y 60 años, aunque puede presentarse a cualquier edad, incluida la infancia. Respecto al género, es mucho más prevalente entre las mujeres. 

Según explica el neurólogo Alfredo Rodríguez-Antigüedad, los pacientes describen a veces los síntomas del síndrome de piernas inquietas como una sensación “insoportable” al roce con las sábanas; otras veces hablan de hormigueos o de “una sensación imprecisa y desagradable que se alivia al levantarse y andar”.

Esos síntomas suelen aparecer tras el reposo, de manera que es común que se den al anochecer y en relación con el sueño, que se altera como consecuencia de dicho malestar. También pueden darse movimientos involuntarios de las piernas durante la noche, algo que en ocasiones pasa desapercibido.

Posibles causas

En algunas personas, este trastorno es una manifestación de otras enfermedades, como la insuficiencia renal crónica avanzada, la artritis reumatoide, la fibromialgia u otros problemas neurológicos. La falta de hierro, que tiene un tratamiento sencillo, también puede causar el síndrome de piernas inquietas.

La mayoría de los casos, sin embargo, no están asociados a otro problema de salud. Dentro de este grupo, alrededor del 40% tienen antecedentes familiares, lo cual apunta a que se trata de un trastorno hereditario. De hecho, se conocen 3 genes diferentes relacionados con el síndrome de las piernas inquietas. 

“Independientemente del origen genético o no de la enfermedad, parece que las neuronas responsables del síndrome de las piernas inquietas están relacionadas con las que controlan el ritmo de vigilia-sueño. No depende de los hábitos de vida, aunque un régimen de vida poco higiénico –fumar, beber, dormir mal– puede incrementar los síntomas en las personas que padecen este problema”, comenta el especialista.

No es una “manía”

El diagnóstico de esta enfermedad es clave para aliviar emocionalmente a los pacientes, que a menudo sienten la presión de su entorno como consecuencia de la incomprensión. No es raro que los familiares no entiendan que los enfermos tengan que levantarse y andar constantemente, considerándolo una “manía”.

No existe prevención para este trastorno, pero sí puede tratarse, por ejemplo, con algunos fármacos para el párkinson. En ese sentido, Rodríguez-Antigüedad recuerda que se ha progresado en la identificación de las bases genéticas de esta enfermedad y en el conocimiento de las estructuras neurológicas implicadas.

La Asociación Española de Síndrome de Piernas Inquietas (Aespi) ha organizado con motivo del Día Mundial una jornada en Madrid. El programa incluye 2 mesas redondas. En una de ellas participan varios neurofisiólogos y un experto en Medicina del sueño. La segunda se centra en terapias alternativas, como el yoga o las dietas específicas.