Los investigadores observaron defectos cognitivos 4 semanas después de que los ratones recibieran una alimentación rica en grasa. Estos problemas cerebrales aparecieron incluso antes de que los animales empezaran a aumentar de peso y, específicamente, en aquellos que tuvieron este tipo de alimentación durante la adolescencia, en comparación con los que recibieron la misma dieta durante su etapa adulta.

Estas diferencias por edades se deben a la falta de maduración de la corteza prefrontal en la adolescencia, según pudieron comprobar los autores del estudio. Puesto que en esta etapa la corteza prefrontal todavía no se ha desarrollado completamente “la calidad de los alimentos que consumen los adolescentes también puede ser particularmente importante para una óptima maduración de la corteza prefrontal”, según indica Marie Labouesse, autora principal del estudio.

Esta vulnerabilidad se produce debido a una disminución de neuronas que expresan reelina en estas condiciones. La reelina es una proteína que regula la plasticidad sináptica y provoca que la sinapsis sea más fuerte o débil en respuesta a los cambios de la actividad cerebral. Al restablecer los niveles de reelina, los ratones con problemas sinápticos volvieron a un estado cerebral normal.

La deficiencia de reelina ya ha sido estudiado como precursora de la esquizofrenia y el alzheimer. Por eso los científicos de este estudio consideran que las “dietas altas en grasas podrían aumentar la deficiencia de reelina y los déficits sinápticos en los pacientes con enfermedades mentales como la esquizofrenia o el alzheimer, e incluso agravar otro tipo de anomalías cognitivas”.