Los suplementos a base de ácidos grasos omega-3 no suponen una mejora significativa para los pacientes de ojo seco en comparación con el placebo, según un estudio de la Universidad de Pensilvania financiado por el National Eye Institute. El trabajo, un ensayo clínico multicéntrico doble ciego publicado en el New England Journal of Medicine, se basó en los casos de 170 pacientes de ojo seco asignados al grupo de placebo y 329 que consumieron una dosis oral diaria de 3.000 mg de ácido eicosapentaenoico y ácido docosahexaenoico; ambos, ácidos grasos tipo omega-3 derivados del pescado.

El cambio medio en la puntuación del Ocular Surface Disease Index (OSDI), obtenidas a los 6 y 1 meses desde el inicio del ensayo, no fue significativamente diferente entre el grupo de ojo seco con placebo y el grupo de ácidos grasos omega-3. Maguire y su equipo tampoco hallaron diferencias significativas en los resultados secundarios; entre ellos, los cambios promedio por ojo en la puntuación de tinciones conjuntival y corneal, el tiempo de ruptura del lagrimal o la duración de la humectación de las tiras de papel colocadas en el párpado (prueba de Schirmer).

Según el nivel en sangre de ácidos grasos omega-3, a los 12 meses la tasa de adherencia al tratamiento era del 85,2% en el grupo de pacientes de ojo seco que consumía el suplemento activo. Las tasas de eventos adversos fueron similares en los 2 grupos. “La enfermedad del ojo seco es una enfermedad crónica común que se caracteriza por molestias oculares y trastornos visuales que disminuyen la calidad de vida”, explica Maguire, “muchos médicos recomiendan suplementos de ácidos grasos omega-3 para aliviar los síntomas”. Sin embargo, el presente estudio de demuestra la falta de evidencia entre los pacientes de ojo seco que consumieron 3.000 mg diarios de esta sustancia.