Elad Moisseiev y Mark J. Mannis, autores del paper, han llevado a cabo un estudio prospectivo de 12 pacientes con deficiencia visual o una agudeza visual corregida del 20/200 como mínimo, en el ojo menos dañado. Los voluntarios fueron sometidos a una prueba de 10 ítems que simulaba las actividades de la vida diaria.

Así mismo, la funcionalidad visual de los pacientes se evaluó en 3 escenarios distintos: sin ningún tipo de ayuda para atajar la baja visión, con algún dispositivo de apoyo y, por último, con las gafas de visión artificial. Tras este ensayo, el dispositivo se puso a prueba durante 1 semana más de uso cotidiano en el hogar.

La puntuación media de mejora de la visión con ayuda de algún dispositivo tradicional de apoyo, como gafas o lentes de contacto, fue de 2,5 puntos sobre la visión sin ayuda. Mientras, con MyEye Orcam la puntuación ascendió a 9,5 puntos y 9,8 tras su uso en el hogar, tal como publica la revista JAMA Ophthalmology

Este avance tecnológico “ayuda a los pacientes en su vida diaria y mejora la baja visión que muchas veces es irreversible y constituye una discapacidad”, concluyen los investigadores sobre este mecanismo basado en el reconocimiento de textos y la lectura “en voz alta”.

El invento, implementado por los ingenieros informáticos de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Amnón Shashua y Shai Shalev-Shwartz, consiste en una cámara situada en la patilla de las lentes que se conecta por cable a un pequeño ordenador portátil, oculto en el bolsillo o el bolso del paciente.

La cámara, anclada a las gafas gracias a un imán, recoge selectivamente las imágenes que el usuario señale con el dedo, para transmitir después la información de forma hablada. El sistema utiliza un algoritmo de visión y un pequeño altavoz de conducción ósea para “leer” textos e imágenes.

“Los lectores de caracteres ópticos funcionan muy bien, pero nosotros nos enfrentamos a desafíos adicionales, por ejemplo, identificar los textos en superficies flexibles como periódicos de mano o cajas de cereales”, explica Shashua en declaraciones a The New York Times.

Las gafas, que por el momento solo reconocen las lecturas en inglés, tienen un coste de 2.500 dólares, una cifra “similar al coste de un audífono de gama media”, justifican los inventores, quienes pretenden ofrecer un producto asequible. “Existen unos 342 millones de adultos con deficiencia visual significativa, de los que 52 tienen ingresos de la clase media”, recuerdan en este sentido.