Durante el estudio que ha conducido a esta tesis, se registraron los movimientos de los ojos de 11 sujetos mediante el sistema de bobinasesclerales en 3D y una cámara infrarroja de vídeo, que permiten captar la posición de los globos oculares. En este punto, se estimuló a los voluntarios con un objeto en rotación para que experimentasen una vibración involuntaria: el nistagmo torsional optocinético.

El movimiento descubierto durante estas sesiones se considera responsable de reestablecer la posición del ojo después de que los músculos se hayan “retorcido” para seguir la imagen en movimiento. “Es algo así como evitar las pequeñas rotaciones de una cámara para estabilizar la imagen percibida”, ejemplifican Peter Thier y Mohammad Farhan Khazali, autores del estudio.

Los científicos observaron que, durante esta vuelta a la normalidad, se produce una ruptura en el sistema visual y se pierde información. Sin embargo, quedaron “sorprendidos” al comprobar que este nuevo movimiento se sincronizaba con el parpadeo, minimizando así el tiempo de bloqueo de la percepción visual.

Los individuos eran capaces de llegar a una torsión de entre 3 y 8 grados para seguir el objeto al que se les exponía, pero cuando los músculos llegaban a su límite mecánico de movilidad reestablecían su posición al mismo tiempo que parpadeaban.

El nuevo patrón de movimiento ha recibido el nombre de blink-associated resetting movement (BARM) o movimiento de reposición asociado al parpadeo. Su utilidad reside, según los investigadores, en “reducir la tensión ocular y que el contacto con el mundo que nos rodea se vea interrumpido el menor número de veces posible”. El hecho de que se produzca esta sinconización, supone un ahorro de hasta 15 minutos de ceguera total al día.