“Tenemos una larga lista de espera de pacientes que quieren ser implantados y que, esperamos puedan serlo en un futuro no muy lejano; pero el problema es poder usar este tipo de técnica y tener acceso al dispositivo, algo que es más complicado” advierte el especialista. “En medicina, todo va a rebufo de Estados Unidos”, lamenta, incluido el sector español de Oftalmología.

“La investigación en ciencias básicas es carísima y hay pocas empresas privadas que inviertan en este tipo de dispositivos, ya que requiere cantidades ingentes de dinero”, explica Nadal, “Estados Unidos Suiza y Alemania, son los que destinan más fondos a la investigación”, especifica.

No obstante, aventura el oftalmólogo, “seguro que, en un futuro no muy lejano, este dispositivo mejorará y aparecerán otros nuevos, que posiblemente tengan incluso mayores perspectivas de mejora visual que los que tenemos ahora”; además, continúa, “nosotros tenemos un proyecto propio dentro de la Universidad Autónoma que ya estamos desarrollando”.

Las alternativas al ojo biónico

En cualquier caso, insiste, el ojo biónico no es el único método para aumentar la calidad visual de estos pacientes. “Existen más de 30 proyectos de visión artificial en distinta fase de desarrollo, 2 de ellos ya aprobados para su uso en Europa, además de líneas de investigación en terapia génica y terapia celular”, asegura, si bien estas últimas aún no han presentado resultados concluyentes.

“La terapia génica va encaminada a introducir a través de un vector, que suele ser un virus, una carga genética determinada para cambiar la célula diana, modificar la carga genética de la célula diana y que esta se hiciera resistente a la enfermedad”, concreta Nadal. Por otro lado, a terapia celular “consiste en colocar células madre pluripotenciales que pueden transformarse en células visuales, lo que permitiría recuperar células dañadas en la retina”, resume.

Igualmente, considera, es necesario informar a los pacientes que optan a un implante de que recuperar totalmente su visión “es imposible hoy por hoy”. Sí pueden pasar de “no ver absolutamente nada” a “percibir formas; poder manejarse, abrir una puerta, franquear un obstáculo…incluso algunos pacientes logran leer letras o palabras de 6 u 8 letras”, cuenta el experto.

Existen, asimismo, ciertos efectos secundarios que deben valorarse; entre ellos el más común el de la extrusión o rechazo de las partes perioculares. Al margen de este aspecto, “las complicaciones del dispositivo son hoy en día realmente pocas”, asegura Nadal, “las técnicas quirúrgicas actuales incluso han disminuido el rechazo del 10 al 1%”, concluye.