El método, diseñado para cuantificar las propiedades biomecánicas de la córnea sin necesidad de escisión, se sirve de pulsos de aire de 20 milisegundos que impactan sobre el órgano y lo deforman momentáneamente para medir la presión intraocular. Dichos soplos de aire han sido ensayados en este caso sobre córneas de cerdo y 3 modelos poliméricos artificiales con diferente espesor.

“Las medidas de elasticidad que se obtienen mediante la técnica desarrollada son independientes del espesor de la córnea y coinciden con las obtenidas aplicando herramientas convencionales en ingeniería mecánica, en particular con la extensiometría uniaxial -una técnica invasiva que sí requiere la escisión de la córnea-”, especifica la autora del estudio, Susana Marcos, del Instituto de Óptica del CSIC.

“La córnea es la lente más externa del ojo, y su forma e integridad mecánica son fundamentales para garantizar una correcta visión”, recuerda la experta. Por ejemplo, “en algunas patologías, como el queratocono, la córnea se debilita y se deforma produciendo un deterioro importante de la calidad de la visión”, justifica Marcos.

“La cuantificación de propiedades biomecánicas de la córnea constituye, por tanto, un biomarcador de patologías corneales y una métrica para monitorizar el efecto de algunos tratamientos dirigidos a aumentar la rigidez de la córnea”, concluye la investigadora en el paper, publicado por la revista Plos One.