El fondo de ojo debe estudiarse una vez al año en mayores diabéticos, según la responsable Asistencial de Igurco Servicios Sociosanitarios de Grupo IMQ, Naiara Fernández, que impartió la semana pasada la conferencia Valoración geriátrica integral: definición de objetivos por áreas en el abordaje de la limitación visual en el Instituto Clínico Quirúrgico de Oftalmología (ICQO) de Bilbao.

“La prevalencia de la diabetes en personas mayores de 70 años se sitúa por encima del 15%, según datos de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición”, recordó la experta, de acuerdo con la cual 4 de cada 10 mayores diabéticos desarrollan una retinopatía diabética, “uno de los problemas de salud ocular más frecuentes en este colectivo”.

“Es necesario que las personas mayores que presenten diabetes se efectúen un examen de fondo de ojo anualmente para detectar la aparición de esta enfermedad”, señaló la especialista, quien destacó que muchos de esos mayores desconocen que tienen diabetes y, por tanto, no son controlados de manera regular. “El riesgo de presentar una insuficiencia visual, entre otros muchos aspectos de salud, se incrementa”.

Según Fernández, a través de una valoración geriátrica integral de la persona mayor con limitación visual “podemos establecer aquellos objetivos a conseguir tras la corrección de la patología causante de limitación visual”. Dicha valoración está pensada para identificar y cuantificar los problemas físicos, funcionales, sociales y psíquicos de los mayores.

“Por ejemplo, ante una pérdida de agudeza visual no diagnosticada, desde la Geriatría nos planteamos que esa persona mayor se encuentra con un riesgo alto de sufrir una caída y, consecuentemente, de tener una rotura de cadera que puede ver comprometida no solo su calidad de vida y su salud, sino su propia capacidad para valerse por sí misma; es decir, su autonomía”, apunta la especialista.

“A la hora de los exámenes visuales en personas mayores, no se ha de acabar únicamente con la propia patología visual, sino comprender cómo esta puede afectar a otros aspectos de la salud del mayor o de su calidad de vida. Está comprobado que la pérdida de visión no solo incrementa el riesgo de caídas y de dependencia, sino que influye muy negativamente en la aparición de trastornos como la depresión, alteraciones de la nutrición y hastío vital derivado de la incapacidad de realizar actividades habituales o placenteras como pueden ser pasear, leer o coser, por poner unos ejemplos cotidianos”, añade.

Además de la posible pérdida de visión de mayores diabéticos, la experta mencionó otros problemas, como la presbicia, las cataratas (que afecta a uno de cada 2 mayores), el glaucoma, la degeneración macular asociada a la edad (“especialmente prevalente entre mayores”) y el desprendimiento de retina.