Un mes después de la primera cirugía, practicada por el doctor Borja Corcóstegui en un ensayo clínico del Instituto de Microcirugía Ocular (IMO) los clínicos “han comprobado que la retina del paciente está en perfectas condiciones, sin que se haya producido ninguna posible complicación posquirúrgica, como una cicatrización deficiente, un desprendimiento de retina, cambios de presión intraocular o hemorragias”.

Así mismo, se ha verificado que “el chip implantado no ha variado su posición en la retina y que sigue correctamente ubicado en el punto en el que se fijó en enero”, según explican los responsables en una nota de prensa. Carol Camino, optometrista especialista en baja visión y coordinadora del estudio en IMO ha recalcado la precisión y cuidado con que se ha realizado la activación, que se ha prolongado 3 horas.

El proceso “ha consistido en analizar las respuestas del paciente mediante diferentes test técnicos, algo fundamental para lograr una perfecta alineación del dispositivo y aprovechar al máximo sus beneficios potenciales”, especifica Camino. De esta forma, esperan poder “mejorar la percepción visual del paciente, y ofrecerle más autonomía y calidad de vida al permitirle identificar objetos como una puerta o coger una taza”, ejemplifica.

Por su parte, el receptor del chip, de 75 años y con degeneración hereditaria de la retina desde hacía 30, “ya ha notado los primeros cambios asociados a la activación del dispositivo, al percibir un círculo con puntos luminosos”, según él mismo ha explicado a los médicos. Mullet se suma así a la decena de casos exitosos que ya se han producido en Francia, Austria, Alemania y Reino Unido.

Minicámara y entrenamiento semanal

Desde este momento, el paciente deberá someterse a un entrenamiento semanal en las instalaciones del IMO donde “trabajará en sesiones de unas 5 horas, en las que se comparará su capacidad de efectuar diferentes tareas visuales con el sistema encendido o apagado” explican.

El proceso, que se repetirá a los 3, 6, 12 y 18 meses de la cirugía, podría llegar a ampliarse durante un año y medio de seguimiento, según el protocolo del ensayo clínico. Por otro lado, y una vez finalice el periodo de ajuste que, presumiblemente, podría prolongarse un mes, los científicos procederán a activar la minicámara que completa el sistema de visión biónica.

“Funciona imitando los mecanismos del ojo humano y, mediante píxeles independientes, captura de manera continua los cambios en el campo visual, enviando la información que estimula a la retina para que transmita señales de imagen al cerebro”, resumen los investigadores.

Para sacar el máximo rendimiento a esta tecnología, añaden, es esencial que el paciente siga el estricto programa de reeducación visual. De esta manera podrá aprender a interpretar las señales de luz y “ver” con el chip.