Kelly S. Rue, Damien C. Rodger y Narsing A. Rao, autores principales del estudio, han llamado la atención sobre esta superposición de patologías que han ejemplificado con el caso de una mujer de 26 años, diagnosticada y tratada de LES que acudió a consulta por un déficit de visión.

La tomografía de coherencia óptica (TCO) mostró unos vasos esclerosados y un engrosamiento de la capa de fibras nerviosas, que se manifestaba en forma de manchas algodonosas. La paciente presentó también una isquemia retiniana difusa y una severa hemorragia peripapilar, así como un resultado positivo en anticuerpos antinucleares (ANA) y anti-cardiolipina.

Con estas características, la paciente fue diagnosticada con LES y síndrome de anticuerpos antifosfolípidos (SAF) y posteriormente dada de alta bajo tratamiento anticoagulante de por vida. Pasados 2 meses, la mujer volvió a consulta con fiebres recurrentes.

Una biopsia del nódulo cervical reveló linfadenitis necrotizante histocítica, consistente con la EKF. Las pruebas para el SAF fueron repetidas con resultados negativos, retirándosele de esa manera el tratamiento anticoagulante.

Por razones aún desconocidas, el LES y el EKF aparecen simultáneamente o de forma secuencial en los pacientes. “Hay incluso casos de KFD donde el paciente se presentó con biomarcadores elevados o síntomas similares a la LES, pero en última instancia, el lupus se excluye del diagnóstico”, explican.

Aunque la vasculopatía retiniana se observa más a menudo en el lupus, la enfermedad de Kikuchi-Fujimoto “también debe ser considerada en el diagnóstico cuando los pacientes presentan adenopatías”, advierten los autores.