El IRIS II, es de silicona y tiene 150 electrodos. Se implanta en la retina y la estimula, lo que permite al paciente percibir formas y movimientos. Para ello, el sistema utiliza una minicámara bioinspirada que imita el funcionamiento del ojo humano, ya que captura de manera continua los cambios en el campo visual mediante píxeles independientes en el tiempo, en lugar de utilizar sensores de imagen que toman secuencias de vídeo fotogramas con datos redundantes.

Según explica el Instituto de Microcirugía Ocular (IMO), el modelo que se estudia estos días es el cambio a una nueva generación de microchips de la retina, en los que se espera un avance destacable en cuanto a resultados visuales para los pacientes a quienes se lo implanten. Por el momento, según el especialista, no se puede hablar de éxito visual de los dispositivos desarrollados, incluido el IRIS II.

Por su parte, Borja Corcóstegui, que estuvo involucrado de forma directa en los primeros desarrollos del chip de retina hace más de 2 décadas, y es el investigador principal en España de este nuevo estudio, afirma que no se han logrado todavía resultados que pueden hacerlo realmente determinante para mejorar la calidad de vida de los pacientes.

En este sentido, los especialistas de IMO señalan la importancia de otras líneas de investigación para combatir la falta de visión en los próximos años, y destacan entre ellas, las terapias génicas, cuyo desarrollo está ya bastante avanzado. Pixium asegura que su dispositivo porporcionará definición a la imagen que se proyectará sobre la retina, además de la ventaja de que el dispositivo sea reversible.