“La miopía se está convirtiendo en una patología cada vez más común en todo el mundo y está asociada con complicaciones potencialmente dañinas para la vista”, recuerda Katie M. Williams, autora principal del estudio. “Pasar tiempo al aire libre puede ser beneficioso para el ojo, sin embargo, el mecanismo que subyace a esta asociación es aún poco conocido”, justifica.

Para profundizar en esta relación entre miopía y UVB, los investigadores decidieron examinar las concentraciones séricas de vitamina D y las variaciones genéticas de su ruta en un total de 3.168 voluntarios -371 miopes y 2.797 sin esta patología- mayores de 65 años y reclutados de forma aleatoria en 6 centros del European Eye Study.

Los participantes, previamente sometidos a criterios de exclusión como el padecimiento de afaquias, degeneración macular asociada a la edad o cataratas, se realizaron un análisis de sangre, varios exámenes oculares, incluyendo el de refracción, y fueron entrevistados por personal especializado mediante un cuestionario cerrado.

Se definió la miopía como un equivalente esférico de -0,75 dioptrías o menos. La exposición de cada sujeto (46% de varones) a los rayos UVB se estimó mediante la combinación de datos meteorológicos, años de estudio, polimorfismos en el metabolismo de la vitamina D y concentraciones séricas de la vitamina D3.

Tras analizar los datos, Williams y su equipo hallaron que “el aumento medio de la exposición a UVB entre los 14 y los 19 años -ratio de oportunidades (OR) 0,81 e intervalo de confianza (IC) del 95%, desde 0,71 hasta 0,92- y de los 20 a los 39 años -OR 0,7 e IC del 95% desde 0,62 hasta 0,93- se asoció con una reducción del OR ajustada de la miopía”, resumen.

Tal como ha publicado Jama Ophthalmogy, “un hallazgo inesperado fue que el quintil más alto de las concentraciones plasmáticas de luteína se asoció con una reducción de las probabilidades de miopía (OR 0,57; IC del 95%, desde 0,46 hasta 0,72)”, concluyen los autores.