El experimento consistió en introducir 2 grupos de roedores, formados por 2 o 3 individuos, en un recinto rodeado de 6 pantallas LED. Los animales recibían este tipo de emisiones lumínicas en diferentes intervalos para imitar los ciclos de luz y de oscuridad; es decir, 16 horas encendidas y 8 horas apagadas. Un grupo de roedores fue provisto de filtros externos, mientras el segundo grupo no contó con ningún tipo de protección.

Paralelamente, la población de control vivió ajena a la exposición a pantallas, según ha explicado la profesora de la facultad de Óptica y Optometría de la UCM y autora principal del estudio, Celia Sánchez Ramos, durante la presentación del paper en el Colegio de Médicos de Madrid. En el acto, la experta ha matizado que “se escogieron ratas pigmentadas porque sus retinas son las más parecidas a las humanas”.

Tras analizar los resultados, Ramos y su equipo concluyeron que, en el grupo con filtros “prácticamente no existió muerte celular”, sin embargo, las ratas que no contaron con protección presentaban un 23% menos de células de la retina respecto a las ratas no expuestas. Se trata de un daño “irreversible” en la mácula, “una zona muy pequeña, de 1,5mm2 aproximadamente, pero que puede dar lugar a una falta de visión central”.

Además, el experimento reveló que las ratas expuestas a elementos sin protección registraron una disminución en la expresión de los genes implicados en la prevención de la muerte celular por apoptosis. Así mismo, mostraron una sobreexpresión de algunos genes que favorecen la muerte celular. “Esta es una cuestión a tener en cuenta si valoramos la importancia de la retina”, advierte Ramos.