Para ello, se realizó un seguimiento a 879 personas con esclerosis múltiple de distintos países, incluidos España, Italia, Francia, Alemania, República Checa, Países Bajos, Canadá y Estados Unidos. Entre 6 meses y 5 años, midieron el grosor de la retina de los participantes mediante la citada técnica.

Según recoge la agencia SINC, los resultados del estudio (publicado en The Lancet Neurology) señalan que cuando los pacientes tienen un grosor de retina inferior a las 88 micras, la evolución de la esclerosis es peor. De hecho, el riesgo de que empeoren entre el año y los tres años desde el diagnóstico se duplica.

Frente a la resonancia magnética, técnica habitual de seguimiento de dichas pacientes, la OCT permite monitorizar la progresión de la enfermedad de manera más sencilla y menos costosa. No sustituye a la primera prueba, aclara la investigadora del IDIBAPS Elena H. Martínez-Lapiscina, pero permite medir cambios “minúsculos” imposibles de ver de otra forma.

“La idea es poder incorporar esta técnica, que se utiliza de rutina en oftalmología, a la práctica asistencial en neurología. Se podría aplicar, además, a enfermedades como el alzhéimer, el párkinson o el traumatismo cerebral”, señala por su parte el jefe del grupo de investigación, Pablo Villoslada, cuyo equipo trabaja para desarrollar nuevas tecnologías de monitorización basadas en la electrofisiología o la imagen molecular láser en colaboración con el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) y el Instituto de Investigación en Energía de Cataluña (IREC).