Aunque los mecanismos exactos que subyacen a la formación de cataratas no han sido descritos aún con claridad, el equipo científico, dirigido por Mònica Bulló y Jordi Salas, partió de la “creciente evidencia del papel clave que juegan los procesos oxidativos e inflamatorios” en el deterioro del cristalino.

Partiendo de esa base, “una dieta rica en factores antioxidantes y antiinflamatorios, como la vitamina K1, podría desempeñar un papel protector”. Para comprobarlo llevaron a cabo un análisis prospectivo en los 5.860 participantes del proyecto Prevención con Dieta Mediterráne (PREDIMED), un estudio clínico aleatorizado ejecutado entre 2003 y 2011.

Los científicos estudiaron la ingesta de vitamina K1 en un 44,2% de mujeres y un 55,8% de hombres, todos ellos con una media de edad de 66,3 años. Según publica la revista JAMA Ophthalmology, tras una media de 5,6 años de seguimiento mediante visitas periódicas, los autores documentaron 768 nuevos casos de cataratas entre los participantes.

Bulló, Salas y su equipo concluyeron que “los participantes en el tercil más alto del consumo de vitamina K1 tenían un menor riesgo de cataratas que aquellos en el tercil más bajo después de ajustar los factores de confusión potenciales”, como parámetros de salud o estilo general de vida.

Aunque este efecto de la vitamina K1, presente en vegetales de hoja verde, ya se había observado en ratones, es la primera vez que se describe su beneficio en humanos.