“Cada vez estamos más concienciados de la necesidad de proteger nuestra piel en verano; sin embargo, olvidamos que los ojos también necesitan protección”, advierte el Instituto Clínico Quirúrgico de Oftalmología (ICQO) en una nota de prensa; “los ojos, al igual que la piel, también tienen memoria y los daños se acumulan pudiendo llegar a ser irreversibles”. Para evitarlo, el doctor Juan San Cristóbal ha ofrecido una serie de consejos:

  1. Usar gafas de sol.
  2. Limpiar los ojos al salir de la playa.
  3. Evitar meterse al agua con lentillas.
  4. Hidratar el ojo ante ambientes secos.
  5. Ingerir alimentos ricos en antioxidantes.

“El uso de gafas de sol es indispensable”, sentencia el experto; sobre todo en niños e, incluso, en días nublados. “Los ojos de los niños son más sensibles a la luz solar debido a que su cristalino no regula del todo la penetración de la radiación”, explica San Cristobal sobre un grupo de población que, además, suele pasar mucho tiempo al aire libre. A partir de los 5 años, también es recomendable el uso de gorras y viseras.

Las horas de máxima intensidad del sol son las 12 del mediodía y las 4 de la tarde; sin embargo, “los rayos del sol actúan durante todo el día, aunque haya nubes”, advierten. De ahí la importancia de comprar gafas con cristales homologados y un buen filtro solar, “sin dejarse llevar por el diseño o la moda”.

Además del sol, el agua también puede ser una amenaza, ya sea por el cloro y los antialgas de las piscinas o la sal y la arena del agua de mar. “Siempre es aconsejable tener a mano una botella con agua mineral para enjuagar los ojos al salir del agua y prevenir posibles irritaciones”, sugiere San Cristóbal; en la playa, también es útil parpadear varias veces para eliminar la arenilla que el viento haya podido introducir en los ojos. Todo esto, supone un peligro adicional si el bañista lleva lentillas.

“Una lentilla funciona como una esponja; es decir, en contacto con algún fluido lo absorbe hasta quedar empapado”, explica el ICQO. Al abrir los ojos bajo el agua, las lentillas se empapan, reteniendo microbios que, a la larga, pueden provocar infecciones, queratitis o conjuntivitis. Esta última es una de las más frecuentes; tanto que, durante el verano, llega a afectar al 25% de la población entre niños y adultos. Su alta prevalencia se debe, en parte, al contacto con aguas no tratadas, las altas temperaturas y la sequedad ambiental.

Sequedad: "el peor enemigo del ojo"

“El ambiente seco y el aire acondicionado son de los peores enemigos del ojo”, asegura el especialista, “en los locales climatizados, el aire es muy seco y se renueva poco, 2 elementos que provocan que la lágrima de los ojos se evapore con más rapidez”. Colocar algunos recipientes con agua en las zonas más secas, o decorarlas con plantas, puede contribuir a mantener la humedad del ambiente.

Si, a pesar de estos consejos, surge algún problema o aparece la enfermedad del ojo seco, hay que mantener la calma y no comenzar una automedicación con colirios si supervisión médica. “Hay acudir al oftalmólogo en el momento en el que se empiecen a notar los primeros síntomas”, recuerda el experto del OCQO. La clínica también recomienda consumir frutas tropicales, cacahuetes, legumbres o pescado ya que estos alimentos, ricos en antioxidantes, “actúan como protectores de la luz y luchan contra los radicales más nocivos para los ojos”.