Los investigadores trabajaron con los datos de 20 ojos de 20 pacientes sanos, en el grupo de control (de entre 8 y 52 años), y 20 ojos de 20 pacientes afectados de vitíligo (de entre 8 y 54); todos ellos sometidos a un completo examen ofatlmológico previo que incluía:

  1. Test de Schirmer.
  2. Meibografía infrarroja de párpados.
  3. Tiempo de ruptura de la película lagrimal (BUT).
  4. Índice de enfermedad de la superficie ocular (OSDI).
  5. Tinción corneal y conjuntival de fluoresceína, puntuada mediante la escala de Oxford.

En el grupo de pacientes con vitíligo, los valores del test de Schirmer fueron más bajos en comparación y los de las pruebas con los sujetos del grupo de control, mientras los valores obtenidos de la meibografía en los párpados inferiores, la tinción y el OSDI, fueron más altos. No obstante, matizan los oftalmólogos, las diferencias no fueron estadísticamente relevantes.

Según recoge el texto, que publica la revista especializada Eye, los resultados de BUT fueron significativamente más bajos en el grupo de vitíligo y los valores totales -parpados inferiores y superiores- de la meibografía más altos. Por tanto, concluyen, “el vitiligo puede estar asociado con el ojo seco.

Existen diferencias significativas en la morfología de la glándula meibomiana al comparar los pacientes dermatológicos con los sanos. Por ello, con el objetivo de “comenzar un tratamiento cuando sea necesario”, los autores del trabajo recomiendan el seguimiento de los pacientes con vitíligo para el ojo seco y disfunción de la glándula de Meibomio.