Jeremy A. Guggenheim y Cathy Williams han estudiado un total de 90.000 sujetos de entre 40 y 69 años de edad de los cuales el 30% resultaron ser miopes. Tras un control por edades, hallaron que los primogénitos sufrían un mayor número de patologías. Las diferencias llegaban a ser de hasta un 40% si los mayores se comparaban con hermanos nacidos en tercer o cuarto lugar.

Los investigadores situaron la diferencia en -0.25 dioptrías de media y buscaron los motivos en el peso de los bebés al nacer, factores hereditarios, ambientales o sociales, sin embargo, la respuesta se encontraba en la diferente “inversión parental en educación”.

Aunque “no se pueden estudiar específicamente las primeras infancias de ninguno de los voluntarios”, apuntan los científicos, “si podemos sugerir que los padres gastan más recursos en la educación de sus hijos mayores que en los otros niños”, según publica la revista especializada JAMA Ohthalmology.

Esta hipótesis supone que los primogénitos habrían pasado más tiempo que sus hermanos frente a libros, pizarras, ordenadores y otros dispositivos digitales y de luz artificial, mientras los menores estarían más acostumbrados a jugar al aire libre, un entorno mucho más relajado para el ojo humano.

La sugerencia se ve apoyada por el hecho de que los sujetos de este estudio sufrían mayor grado de miopía cuanto más jóvenes eran. La explicación sería la tendencia cada vez más habitual al uso de pantallas y hábitos de juego digital. Por ese mismo motivo, las personas del este de Asia parecen estar más expuestas a la miopía.

Así lo corrobora la revista Nature, que indica una tasa del 90% entre jóvenes y adolescentes miopes en China, mientras hace 60 años la cifra se situaba entre el 10 y el 20%. Únicamente en Seúl, el 96,5 % de los niños varones menores de edad son miopes. “El ojo crece durante toda la infancia, pero la miopía se desarrolla generalmente en niños escolarizados”, reitera el estudio.