Deepak A. Lamba y Arvind Ramanathan, autores principales del estudio han hallado que el indol-3-carbinol (I3C), un componente presente en el brócoli, es capaz de limpiar las células de las toxinas del entorno, mediante la activación de la proteína del receptor de hidrocarburos de arilo (AhR). Se trata de un factor de transcripción que regula las vías de la desintoxicación química y se va perdiendo con la edad.

Tras una serie de ensayos in silico, in vitro e in vivo, los investigadores tomaron el 2,2'-aminophenyl indole (2AI), un elemento con las mismas características que el I3C pero hasta 10 veces más potente, con la intención de impulsar el Ahr bajo las mismas condiciones, aunque de forma más efectiva.

“Estamos muy entusiasmados con el potencial de 2AI y esperamos poder desarrollarlo aún más”, ha declarado el científico en la revista Scientific Report sobre este componente, que ya ha sido probado en una cepa de ratones. Gracias al 2AI, las retinas de estos animales quedaron protegidas frente al daño mediado por la luz y el estrés ambiental.

El siguiente paso, según los autores, será estudiar los resultados funcionales del tratamiento con 2AI. Aun así, el investigador también ha valorado la posibilidad de “capitalizar la sabiduría de la naturaleza”, encontrando nuevas versiones, más potentes, de otras moléculas naturales.

Durante la investigación también ha destacado el papel del metabolismo de los lípidos ya que, sugieren, algunos de los efectos protectores de la activación de AhR se manifiestan gracias a ellos. Una evidencia al respecto es que las inyecciones de ácido palmitoleico consiguieron proteger las retinas de los ratones.

Mientras tanto, los seres humanos podemos seguir buscando los efectos protectores en los ácidos palmitoleicos de algunos alimentos, como las nueces de macadamia o el aceite de espino amarillo. “También deberíamos consumir brócoli y otras verduras fructíferas capaces de incidir en la degeneración macular asociada a la edad”, aconseja el experto.