El primer paso para llevar a cabo este examen oftalmológico es la dilatación del ojo del paciente con tropicamida al 1% y fenilefrina al 2,5%, explican, aunque los pacientes con el iris oscuro pueden necesitar más de una aplicación. No obstante, aseguran “el éxito de la oftalmoscopia indirecta dependerá de la apropiada colocación del paciente”.

Para ello, “lo ideal es disponer de una silla reclinable con espacio para poder moverse libremente alrededor de la cabeza del paciente”, explica la AAO, “una posición parcialmente erguida ayudará a los residentes de menor talla a ver la retina superior, pero hará prácticamente imposible alcanzar a ver la inferior”, advierten.

A la hora de seleccionar la lente binocular (BIO) más adecuada para la oftalmoscopia indirecta hay que tener en cuenta que la lente doble asférica 20-D es la más utilizada para evaluar la patología macular y periférica, sin embargo, la 28-D ofrece un mayor campo dinámico de visión, si bien sacrifica algo de aumento, matizan.

La presión de la esclerótica también mejora la precisión de la oftalmoscopia indirecta, aunque, en ocasiones, “la maniobra puede requerir la administración de un anestésico tópico para que el paciente se sienta más a gusto”, recomienda Christopher Nathaniel Roybal, autor de la guía. “Nunca hay que olvidar que la práctica hace al maestro y, en caso de duda, pedir ayuda a un residente de mayor nivel”, recuerda el cirujano de la Universidad de Iowa.