El síndrome de ojo seco es el principal motivo de consulta con el oftalmólogo ya esta alteración en la córnea y la conjuntiva afecta a entre un 15 y un 30% de la población, según informa el Instituto Clínico Quirúrgico de Oftalmología (ICQO). “Algunas formas graves de ojo seco pueden llegar a ocasionar graves lesiones”, advierte el doctor Juan Durán, especialista en córnea y segmento anterior y director médico del ICQO; por eso, “es fundamental realizar revisiones oftalmológicas específicas periódicas para controlarlo”.

El ojo seco es un conjunto de alteraciones que tienen en común el déficit de la película lagrimal, ya sea por la escasez de lágrima, la mala calidad de la misma o por una falta de parpadeo que impida la restauración de la película. Por eso, señala Durán, la sequedad ambiental o las actividades que ocasionan atención visual facilitan el desarrollo de ojo seco. Las causas más comunes de la patología son:

  1. Edad.
  2. Cambios hormonales.
  3. Enfermedades sistémicas.
  4. Uso de lentes de contacto.
  5. Ser fumador activo o pasivo.
  6. Factores ambientales externos.
  7. Algunos procedimientos quirúrgicos oculares.
  8. Enfermedades cicatrizantes de la superficie ocular.
  9. Distribución incorrecta de la lágrima o su alta evaporación.

Todas estas causas, generan “síntomas muy variados y que pueden tener una amplia progresión”, explica el especialista, “por este motivo se habla de sequedad ocular leve, moderada y grave y cada grado ha de ser tratado de distinta manera según la causa que lo motiva”. Los síntomas del ojo seco pueden ir desde enrojecimiento y picor, hasta ardor, visión borrosa, hipersensibilidad a la luz y en los casos más graves, cicatrización de la córnea y pérdida de visión.

El grupo más vulnerable a todo ello es el de pacientes de edad más avanzada ya que, en ellos se juntan los factores de edad y cambio hormonal. “Con el envejecimiento se atrofian las células que generan las lágrimas de forma constante y aquellas células que determinan la composición de la película lagrimal, que son las que se ocupan de producir determinados lípidos que previenen la evaporación de la lágrima”, explica el director médico de ICQO.

No existe un tratamiento único como respuesta al ojo seco. En casos leves, las lágrimas artificiales pueden ser suficientes para suplir la humectación, pero, en casos graves, el ojo seco se acompaña de inflamación, por lo que deben emplearse antiinflamatorios específicos o lágrimas enriquecidas con componentes sanguíneos, como el suero autólogo o PRGF, con plasma enriquecido. No obstante, reitera Durán, las medidas generales, como evitar aires acondicionados o calefacciones intensas, van a ayudar.