Los autores ilustran el estudio con una serie de casos clínicos de pacientes con pérdida de visión. Los expertos señalan que los pacientes con enfermedad renal suelen asociar factores de riesgo cardiovascular que les predisponen a padecer neuritis isquémicas, como sucede en el primer caso clínico que exponen en el texto, en el que tanto la patología ocular como la renal se asentaban sobre fenómenos arterioscleróticos.

El segundo caso presentado por los médicos fue diagnosticado de neuritis isquémica posterior ante la ausencia de alteraciones en el fondo de ojo y en las pruebas de imagen, aunque también podría haberse tratado de una neuritis urémica evolucionada, puesto que el paciente no fue dializado. El tercer y cuarto caso representan cuadros típicos de leucoencefalopatía posterior reversible, donde las manifestaciones neurológicas desaparecieron al corregir las cifras de presión arterial e iniciar hemodiálisis.

Los expertos indican que, aunque la presentación de cada caso clínico puede ser idéntica, el pronóstico es claramente distinto. En las formas isquémicas rara vez se recupera el déficit visual, mientras que en las formas urémicas el tratamiento con hemodiálisis y corticoides puede conseguir una franca mejoría en el plazo de unas pocas semanas o meses. “En las formas secundarias a infecciones o fármacos, la evolución dependerá de un apropiado tratamiento antimicrobiano o de la retirada del medicamento”.