“El diagnóstico y tratamiento de cáncer supone aislamiento e interrupción de las actividades habituales del menor al tiempo que conlleva un elevado nivel de ansiedad”, explica la oncóloga infantil, Bárbara Torres Guerola, “para el niño, el hecho de estar pendiente de la visita de la mascota genera una mejora en su estado emocional horas y días antes del propio encuentro”.

Los pacientes elegidos para disfrutar de esta actividad en fase piloto han sido 9 niños y niñas de entre 4 y 13 años con enfermedad crónica e ingresos continuados. Tal es el caso de Julia, una pequeña de 4 años que “se emociona y pasa el tiempo preguntando cuándo viene su perrita Alma y contando lo bien que se lo pasa con ella”, según narra su madre, Elisa Tomás.

"Poder acercarse a un perro y acariciarlo supuso un gran aliciente para Sara” añade el padre de otra paciente, “por su enfermedad no tiene un acceso fácil a las mascotas; fue un rato muy placentero y agradable, que además posibilitó 'desengancharse' del gotero y poder moverse libremente”, recuerda Miguel Serra.

Para estos padres, los encuentros equivalen a un “subidón”, que contrastaba con la apatía y el aburrimiento presentes durante el resto de hospitalización. La consellera de Sanitat Universal i Salut Pública, Carmen Montón, ha recordado durante la presentación del proyecto que estas estancias suelen rondar los 6 días, en el 25% de los casos, y llegar hasta la quincena en el 7,4% de los ingresos.

Voluntarios "a cuatro patas"

El mérito de la iniciativa corresponde a más de una veintena de voluntarios entre adiestradores, acompañantes y personal médico, así como a las 7 mascotas que han seguido un estricto adiestramiento de más de 6 meses de duración, minuciosos exámenes veterinarios y fases de adaptación al entorno del centro hospitalario.

“Los perros que participan en este programa deben ser dóciles y tranquilos. Se deben caracterizar por ausencia total de agresividad o comportamientos dominantes y deben haber sido criados y socializados en un entorno familiar”, explica el educador responsable del proyecto, Víctor Caballero, “de esta forma se certifica la idoneidad del animal para su presencia hospitalaria”.

En ese punto, y siempre con el visto bueno de los familiares, el equipo médico y los maestros de la Unidad de Pedagogía hospitalaria, los niños pueden elegir y “adoptar virtualmente” a su mascota. Los menores empiezan así la comunicación, vía e-mail, con el dueño del perro para concertar una visita cuando el estado clínico del paciente lo permita.

La veintena de encuentros que han conformado el proyecto Can de la Mano, se han llevado a cabo en una zona habilitada del área infantil, que acoge 4.378 ingresos, según la consellera de Sanitat Universal i Salut Pública, Carmen Montón, encargada de presentar el programa piloto de asistencia canina.