Para Rodríguez, uno de los responsables de la sección de Oncología de Cabeza, Cuello y Disfonía del centro, la aplicación de esta técnica supone “un salto cualitativo para el paciente, ya que una de las cuestiones que más preocupa a las personas a las que se les extirpa la laringe por un cáncer es no poder hablar”. Según los datos que ofrece Gutierrez, “prácticamente el 100% de los pacientes sin órgano de fonación puede volver a hablar en un tiempo prudencial”.

Aunque, actualmente, en el Reina Sofía la implantación de la prótesis se realiza aproximadamente al año de la cirugía oncológica, la técnica se desarrolla de tal manera que sí permite extirpar la laringe enferma y colocar la prótesis fonatoria en una sola intervención. Además, la colocación del dispositivo de silicona de baja resistencia garantiza una calidad de voz superior a la erigmofonía, una mejor inteligibilidad y una mayor duración del soplo fonatorio.

A pesar de las bondades de la técnica, “lo ideal es que un paciente sea capaz de tener las 2 voces: la tradicional erigmofónica y la voz de prótesis fonatoria”, señala Gutiérrez. En este sentido, “la Asociación de Laringectomizados de Córdoba ha desarrollado una gran labor y sigue desarrollándola a la hora de la rehabilitación y adquisición de la voz erigmofónica”, celebra el experto.

Aun así, recalcan, esta técnica no está libre de complicaciones, “de ahí que en nuestro hospital se esté siendo muy selectivo a la hora de indicar esta cirugía”. Además, cada 4 meses o un año, es necesario recambiar el aparato ya sea por deterioro o por la colonización de hongos y bacterias. En cualquier caso”, “el recambio de la prótesis fonatoria es sencillo y no requiere anestesia general”, explican.