Es la conclusión de la investigación dirigida por la doctora Camila Zimmermann del Princess Margaret Cancer Centre de Toronto (Canadá) y publicada por Canadian Medical Association Journal. Para alcanzarla, se ha realizado un ensayo clínico con 71 personas, de las cuales 48 eran pacientes y el resto cuidadores. Del total, 31 personas (22 enfermos y 9 cuidadores) pertenecían al grupo de control.

En ambos grupos, los participantes asociaban a priori los cuidados paliativos con la muerte, la desesperanza, la dependencia y el fin de la vida confortable en los hospitalizados. Esa percepción daba lugar a miedo y evasión, provocando a menudo interacciones con los profesionales sanitarios. A lo largo del ensayo, los miembros del grupo de intervención asumían un concepto de los cuidados paliativos como cuidado corriente que mejoraba su calidad de vida.

Aun así, seguían pensando que el término acarreaba un estigma e insistían en la necesidad de reformularlo y explicarlo mejor. En ese sentido, mientras el grupo de control no veía preciso buscar otro nombre para los cuidados paliativos, muchos de los pacientes del grupo de intervención que dejaban el hospital lo veían necesario. La conclusión es que el estigma asociado a los paliativos persiste más allá de la experiencia.