“El jet lag provoca alteraciones en el ritmo circadiano, los patrones de sueño y la actividad cerebral”, resume el autor principal del estudio David Moore, en declaraciones a la agencia EFE, “queríamos saber también si la alteración crónica del reloj biológico era suficiente para inducir cáncer hepático en ratones bien alimentados, no sometidos a manipulación genética ni radiación.”

Para lograr su propósito, los investigadores recrearon los efectos del desfase horario en el laboratorio, “encendiendo y apagando las luces de la sala en las que estaban los ratones en horarios diferentes y durante varias semanas”, según relata la investigadora Loning Fu en el paper que publica la revista Cancer Cell. Tras la simulación los ratones habían perdido el control de su metabolismo.

Los roedores incrementaron progresivamente su peso, comenzaron a acumular sebo y desarrollaron varios casos de hígado graso que, con el tiempo, llegaron a evolucionar a un cáncer en este órgano. Así mismo, los autores observaron en los sujetos una elevada producción de ácidos biliares, generados por el hígado en un intento por digerir la grasa.

“Esta anómala producción de ácidos, potencialmente tóxicos, parece ser clave para la aparición de cáncer de hígado”, asevera el equipo. Se trata de una tesis que ya sugerían numerosos estudios previos y que, ahora, lleva a la comunidad científica a preguntarse si los medicamentos para el control de los niveles de ácido biliar podrían también prevenir el cáncer hepático en humanos.