De acuerdo con los profesionales que participaron en la jornada, dedicada al paciente mayor con cáncer, esta conspiración del silencio es una realidad a la que se enfrentan cada día, cuando las familias de los pacientes instan a los sanitarios a no informar al enfermo de su diagnóstico, a pesar de la obligación legal de informar únicamente al paciente si es mayor de edad y no está incapacitado.

La vía rápida

“Es la vía más rápida, que cogemos porque nos la ponen en bandeja”, reconocía Fátima Brañas, geriatra del Hospital Universitario Infanta Leonor, según la cual la cordura tienen que ponerla los profesionales. “No estamos preparados, no hay tiempo y huimos de ello”, añadía la especialista, que hizo un llamamiento a romper la inercia de sobreproteger a la gente mayor; una tendencia, en su opinión, que tiene mucho que ver con la sociedad española, ya que no se da en otros países.

“Estamos ante una sociedad completamente paternalista, donde los hijos toman el papel de los padres”, apuntaba, por su parte, Inmaculada Rodríguez, médico de la Residencia Amavir Valdebernardo, quien también animaba a acabar con la conspiración del silencio. “Cuando lo saben, se abren, piden opinión, información… Somos los consejeros porque estamos a pie de terreno”, comentaba.

“Estos pacientes tienen que tomar sus decisiones”, afirmaba, con rotundidad, Mónica Ballesteros, hematóloga del Hospital General Universitario Gregorio Marañón. “La familia se cree que es como un hijo, pero estos pacientes son mayores de edad”, señalaba la especialista, para quien el bloqueo de la familia supone un problema ético y legal, sobre todo en el caso de los pacientes mayores intermedios, que no están incapacitados ni son completamente independientes.

Información soportable

Es, precisamente, la posibilidad de reincorporarse a la vida con independencia lo que más preocupa a los pacientes mayores con cáncer, según Francisco Javier Cerdán, cirujano digestivo de la Clínica Santa Elena. Para el experto, la clave es “adaptarse a la capacidad intelectual del paciente” y cuidar los términos, para no suavizar ni dramatizar a la hora de ofrecer la información. “Entre pólipo y cáncer tenemos la palabra tumor”, apuntaba.

En ese sentido, el oncólogo del Hospital Universitario La Paz Jaime Feliu apostaba por aportar al paciente “información soportable”, de manera que la comunicación se realizara de manera progresiva para permitir al enfermo asimilar la situación, “en contra de lo que hacen los americanos, que el primer día dan toda la información al paciente, y luego hay que mandarlo al psicólogo para que asimile todo”.

“A lo mejor todo se acabaría antes si escucháramos más al paciente”, agregaba, por otro lado, Cristina González, geriatra del Hospital Universitario Rey Juan Carlos, quien sacó a relucir la posible falta de formación. “El paciente para decidir necesita herramientas claras, y a veces nos vemos un poco cojos a la hora de explicar qué aporta cada tratamiento”.

“El paciente debe saber el diagnóstico, porque esto facilita la adherencia al tratamiento”, afirmaba Santiago Ruiz, médico de la Residencia PPMM Colmenar, que abogaba por luchar contra la conspiración del silencio con sentido común. “El día que me toque a mí, lo tengo que decidir yo”, concluía.