Con esta técnica, publicada en la revista Angewandte Chemie, se podría reducir las cantidades que contienen los medicamentos para tratar una enfermedad y, con ello, sus efectos secundarios. “Este hallazgo podría evitar las intervenciones quirúrgicas y los riesgos de infección, así como permitir que los propios pacientes puedan tratarse aplicando un rayo de luz sobre el área afectada, como en el caso de una rodilla con artritis”, declara David Lawrence, director y autor del estudio.

Lawrence y su equipo utilizaron introdujeron una molécula de un fármaco, junto con vitamina B12, en el interior de un eritrocito, que podía circular con este compuesto por un tiempo superior a 4 meses, de manera que tenía un depósito del medicamento de larga duración que podía ser aprovechado cuando fuera necesario.

Posteriormente, observaron si era posible usar ondas largas de luz para penetrar en el cuerpo y romper los enlaces moleculares del fármaco y la vitamina B12, que se encontraban en el interior de las células. Este tipo de luz penetra más profundamente en el cuerpo que la luz de ondas cortas, pero no lleva la suficiente energía como para poder romper activar los compuestos.

Para solucionar este problema, se les ocurrió introducir una molécula fluorescente entre el fármaco y la vitamina. Esta molécula actuaba como antena y podía capturar la luz de ondas largas para usarlas como corte entre la unión del fármaco y la vitamina. Los investigadores consideran que se podría probar con fármacos oncológicos (quimioterapia), con el fin de comprobar si es efectivo y enfocar mejor el tratamiento al lugar específico del cáncer.