Durante el mismo, Borrás ha explicado que las desensibilizaciones permiten que los pacientes puedan continuar con el tratamiento cuando estos muestran síntomas propios de una alergia grave como urticaria, hinchazón, hipotensión o dolor abdominal a los pocos minutos de iniciar el tratamiento de quimioterapia.

En estos casos, el tratamiento se suspende inicialmente y, una vez que el alergólogo del centro ha comprobado que la causa de la reacción ha sido provocada por el fármaco suministrado y que no hay ninguna contraindicación desde el punto de vista alergológico, se procede a la desensibilización.

Este procedimiento consiste en suministrar al paciente por vía intravenosa la dosis terapéutica prescrita por el oncólogo en pequeñas cantidades que se van incrementando progresivamente para intentar conseguir una tolerancia al medicamento. Durante este proceso, el paciente permanece vigilado por el alergólogo con el fin de detectar cualquier indicio de una reacción adversa.

"En el caso de que aparezca una reacción, la tratamos adecuadamente hasta conseguir la administración de toda la dosis necesaria del fármaco, que en ocasiones resulta vital para el paciente", ha manifestado el doctor Borrás.

La primera de las desensibilizaciones se realiza en la UCI cuando el paciente presenta un incremento del riesgo tras valorar el tipo de reacción previa y el resultado de las pruebas de alergia y las posibles enfermedades asociadas. Las siguientes se aplican en el hospital con las mismas medidas de vigilancia y control por parte del alergólogo.