Epicup permite descubrir qué tipo de tumor primario ha producido la metástasis en el paciente, lo cual permitirá desarrollar tratamientos más específicos, señala el centro catalán. Entre sus mayores beneficios se encuentra el hecho de que permitirá personalizar el tratamiento. Tal y como explican desde el Idibell, “ahora el paciente no será tratado a ciegas, si no que podrá recibir una terapia mucho más específica para ese tipo tumoral; los datos iniciales muestran que se dobla la supervivencia”.

Por otro lado, investigadores del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (Idibaps) han identificado el primer “epi-driver” en cáncer de hígado. Se trata de una alteración epigenética del gen IGF2 que puede bloquearse con un anticuerpo monoclonal. Los investigadores emplearon las muestras de 228 pacientes para describir el mecanismo epigenético responsable de la activación de un receptor celular en carcinoma hepatocelular (HCC).

Durante la investigación comprobaron que un anticuerpo monoclonal dirigido contra este “epi-driver” reduce la proliferación de las células tumorales y frena la progresión del cáncer. Se trataría, por tanto, de un potencial tratamiento para los pacientes que presentan la alteración.

 

Un test de ADN en muestras de orina es suficiente para diagnosticar el cáncer de vejiga. Esta es la conclusión a la que ha llegado un grupo de investigadores del Danish Canver Society research Center de Copenhage. Según el centro danés, el test tiene una precisión del 97% y puede ser utilizado para identificar a pacientes que sufren una gran hematuria pero no presentan los síntomas suficientes para realizarles una cistoscopia.

El autor principal del estudio, Per Gulderberg, señala que la cistoscopia es una prueba común para detectar los tumores pero que resulta costosa, invasiva e imperfecta, y que, por el contrario, el test de ADN de la orina resulta más rápido, sencillo y cuenta con un alto nivel de precisión. Tal y como se desprende de estos estudios, la información genética juega un papel importante a la hora de diagnosticar y tratar un cáncer.

Recientemente, un estudio brasileño ha mostrado que la inhibición del RMEL3 (un ARN) podría reducir un 95% la viabilidad de células de melanoma si está en cultivo. Este ARN no es codificante porque no posee información suficiente para sintetizar la proteína, pero parece que está relacionado con la supervivencia celular.

El RML3 aparece expresado en la mayor parte de los melanomas, y pocas veces está en otro tipo de tumores o en las células sanas. Esta es la razón por la que está el punto de mira como elemento terapéutico o de diagnóstico y se ha convertido en objeto de investigación.

Otro estudio, publicado en Nature Communications revela que las variaciones en los genes asociados al pelo rojo incrementan el riesgo de sufrir un cáncer de piel. Según esta investigación, las personas pelirrojas, que suponen entre el 1 y el 2% de la población mundial, poseen 2 copias de una variante del gen MC1R. Este gen afecta al tipo de pigmento de melanina producido, dando lugar a pelo rojo, pecas, piel más pálida y una tendencia mayor a quemarse bajo el sol.

En la investigación contra el cáncer han cobrado especial importancia los estudios que evalúan los efectos que tienen los tratamientos de otras patologías sobre el progreso del tumor. En este sentido, científicos del Centro Alemán de Investigación Oncológica de Heidelberg han descubierto que los tratamientos antipsicóticos podrían reducir el número de metástasis.

DRD2 es un gen implicado en la recepción de la dopamina que se muestra alterado en muchas enfermedades psicóticas. Por este motivo, muchos psicofármacos bloquean su función, entre ellos, el antipsicótico pimozida. Tras analizar la actividad genética de 195 pacientes con cáncer de páncreas, los investigadores hallaron que el DRD2 mostró una mayor actividad en las células pancreáticas cancerosas que en las células pancreáticas sanas.

Los responsables del estudio transfirieron las células del cáncer de páncreas humano a ratones, para que pudieran desarrollarlo. Posteriormente, y tras adquirir el tumor, se les trató con otro antagonista de la dopamina (haloperidol). De esta forma, observaron que los ratones desarrollaban tumores más pequeños y un menor número de metástasis que aquellos animales no tratados.

Otro fármaco que ha resultado beneficioso en el tratamiento oncológico es la antitrombina. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y la Universidad de Murcia ha desvelado que la antitrombina actúa como inhibidor de la angiogénesis tumoral. Según se desprende de esta investigación, la antitrombina, empleada habitualmente para evitar los coágulos de sangre, ha demostrado un efecto antitumoral capaz de inhibir la proteasa implicada en la metástasis.

Las nuevas tecnologías mejoran el diagnóstico y el tratamiento del cáncer

La lucha contra el cáncer no avanzaría de no ser por la mejora de las tecnologías empleadas tanto en el diagnóstico como en el tratamiento. Según destaca la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), la tiroidectomía asistida por imagen resulta esencial a la hora de tratar este tipo de tumores. Este procedimiento facilita intervenir la glándula del tiroides con una mejor visión que la cirugía tradicional.

Tal y como explica la sociedad científica, la incidencia del cáncer de tiroides se está elevando a nivel mundial, por lo que un diagnóstico a tiempo e intervenir al paciente lo antes posible es fundamental para evitar complicaciones. La tiroidectomía asistida por imagen se ha convertido en una técnica óptima para intervenir este tipo de cáncer. Además de mejorar el campo de visión, es una cirugía mínimamente invasiva y minimiza los riesgos de dañar al nervio recurrente.

En el campo de la radioterapia la protagonista es la arcoterapia volumétrica modulada. Esta nueva modalidad de tratamiento ha sido incorporada por el Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria en Tenerife. Entre sus ventajas se encuentra una mayor precisión, la rapidez y la eficacia. Este procedimiento está indicado, principalmente, para tratar tumores de próstata, cabeza, cuello y área ginecológica.

Este acelerador lineal es idóneo para irradiar regiones anatómicas complejas o cerca de órganos críticos que necesitan de una gran precisión. Además, recuerda el centro, puede utilizarse con plena seguridad en pacientes pediátricos.