Esta atención para detectar la falta de audición, que se lleva a cabo en las primeras 48 horas del nacimiento, consiste en la observación de las denominadas "otoemisiones acústicas", que son unos sonidos producidos por el oído en un equipo diagnóstico cuando funciona con normalidad. Los niños que presentan algún tipo de deficiencia auditiva en esta prueba diagnóstica son sometidos a otra más específica para determinar qué problemas concretos padecen.

La hipoacusia o pérdida de la capacidad auditiva es una patología que puede presentar cualquier bebé. La media española de incidencia en mayor o menor grado es de 2 de cada 1.000 niños. Existen algunos condicionamientos que predisponen a la sordera infantil, como pueden ser los partos prematuros o los nacidos con un peso inferior al normal. Según datos de la Confederación Española de Familias de Personas Sordas, alrededor de 2.000 familias sufren esta enfermedad.

Según esta organización, los factores de riesgo para contraer hipoacusia son, en primer lugar, el historial familiar, ya que se ha detectado varios casos en las mismas familias. También afecta la estancia en cuidados intensivos neonatales durante más de 5 días, que el bebé haya sido sometido a oxigenación por membrana extracorpórea, ventilación asistida, antibióticos ototóxicos, diuréticos del asa o infecciones intrauterinas como la citomegalovirus o el herpes.