“Estas secuelas, en una sociedad como la nuestra, suponen el aislamiento del paciente y enormes dificultades para la reincorporación a la vida normal después de superar un cáncer de cabeza y cuello”, advierte Iglesias. Además, señala, “aunque históricamente esta enfermedad ha sido asociada a los hombres por su mayor consumo de alcohol y tabaco, la incorporación de la mujer a estos hábitos está igualando el número de casos”.

La alta incidencia del cáncer de cabeza y cuello, sumada a la ignorancia de gran parte de la población, resulta en el diagnóstico tardío de muchos pacientes, lo que condiciona irremediablemente el pronóstico y la curación. No obstante, como punto positivo, la especialista ha reconocido que el reciente descubrimiento que asocia el virus del papiloma humano (VPH) al cáncer hace que los pacientes, hombres y mujeres, sean cada vez más jóvenes y, por tanto, respondan mejor al tratamiento.

Además, celebra, “las cirugías son más conservadoras, las reconstrucciones más fieles y la radioterapia más precisa; se han incorporado nuevos fármacos a la quimioterapia, se ha avanzado hacia la inmunoterapia y contamos con más variedad de analgésicos”. En este sentido, la responsable de la Asociación Española de Pacientes de Cáncer de Cabeza y Cuello, Ana María Díaz-Oliver, ha declarado que, si bien “la situación clínica está cubierta por los especialistas, cuando se cierra la puerta de la consulta queda mucho por hacer”.

En palabras de Díaz-Oliver, “el aislamiento afecta al estado anímico del paciente y a sus ganas de superar la enfermedad”, por lo que el apoyo de la asociación y de campañas como Make Sense, “es muy valioso para acercarnos a toda la población y dar a conocer la patología”. Por su parte, la presidenta ejecutiva de la Fundación Merck Salud, se ha comprometido a seguir siento “un altavoz para concienciar sobre el cáncer de cabeza y cuello y evitar el aislamiento de los pacientes”.