El director del programa de epidemiología y estadística en el National Institute on Deafness and Other Communication Disorders (NIDCD), Howard J. Hoffman, y su equipo, basaron su trabajo en la comparación de los datos recogidos entre 199 y 2004 con los obtenidos entre 2011 y 2012, el último periodo del que existe información disponible.

Tras analizar las cifras, los investigadores hallaron que, durante el periodo previo al actual el 15,9% de la población presentaba problemas de audición, una cifra que ha descendido al 14,1% en el grupo más reciente. Todo ello considerando como pérdida auditiva la dificultad de percibir, al menos en un oído, el crujir de unas hojas secas. Se trata, además, de una tendencia a la mejora que se mantiene desde 1959.

Los más llamativo, según Hoffman, es que, “a pesar de que la población total de entre 20 a 69 años de edad creció en 20 millones durante el periodo de tiempo estudiado, el número total de personas con pérdida de audición cayó de los 28 millones a los 27,7 millones”. Así lo ha recogido The New York Times, donde es estadista explica que los hombres de cualquier edad eran más propensos a sufrir sordera que las mujeres.

En cualquier caso, el estudio concluyó que el factor más determinante es la edad; no así el uso de auriculares. “El tema de que las personas que usan cascos durante periodos prolongados de tiempo pueden sufrir más problemas ha existido desde hace más de 10 años”, admite Hoffman; sin embargo, “el hecho de que escuchar música demasiado alta esté disminuyendo la capacidad auditiva de toda una generación está aún sin probar”, defiende.

Algunos expertos, ajenos al estudio, señalan que la mejora se debe más bien al cierre de fábricas ruidosas, el progresivo abandono de algunos antibióticos que pueden causar pérdida de la audición o el incremento de la vacunación para prevenir enfermedades infantiles como el sarampión. Concretamente, James Vaupel, director del Max Planck Institute for Demographic Research in Rostock (MPIDR) considera que la principal razón es el aumento de la esperanza de vida.

“Las evidencias sugieren que, cada vez más, los 70 son los nuevos 60”, sugiere; “de hecho, la relación salud mortalidad de una persona de 70 años en la actualidad es similar a la de alguien de 50 años hace medio siglo”, defiende Vaupel en una hipótesis que es “consistente con el resto de investigaciones que se están produciendo y que muestran un retraso del envejecimiento”, concluye.