“La causa la ofrece la física del sonido”, resume el experto, “si se usan cascos se impide que el sonido llegue al conducto auditivo y al tímpano guiado por los pabellones auriculares, que es la forma natural por la que llega el sonido a los humanos”, explica Escudero.

El pabellón auditivo, recalca, es capaz de recoger los sonidos “con todos sus matices”, sin que sea necesaria la introducción del mismo, sin filtros, directamente al tímpano. Dentro de la oferta de cascos, los intraauriculares son los menos recomendables, advierte.

Mientras los externos utilizan, al menos en parte, las condiciones de modulación que ofrece el pabellón auricular, en los intraauriculares “la onda sonora -que no deja de ser una onda mecánica- impacta directamente sobre la membrana del tímpano”, ilustra el otorrinolaringólogo.

En definitiva, concluye, en el caso de un mismo sonido que se encuentra a nivel de trauma acústico, el efecto dañino es mayor cuanto más directa sea la penetración del mismo.