El equipo encargado de caracterizar el olor del cáncer ovárico está encabezado por el químico orgánico George Petri, que cuenta con la colaboración del Centro de Perros de Trabajo PennVet, el servicio de Dermatología de la Universidad de Pennsylvania (UP) e investigadores del Nano/Bio Interface Center y el Ovarian Cancer Research Center, ambos dependientes de la UP.

Según explica una nota de prensa del Monell Center, la investigación se basa en la convicción de que los cambios metabólicos relacionados con el cáncer afectan a los productos químicos que producen olores y a la forma en que estos son liberados de los tejidos cancerosos. Es decir, existe un patrón de olor propio del cáncer de ovario y para hallarlo el equipo maneja 3 enfoques:

  1. Perros entrenados para proporcionar la prueba de principio de que existe una firma de olor del cáncer de ovario.
  2. Instrumentos de química analítica para identificar los compuestos volátiles que componen dicha marca de olor.
  3. Nanosensores recubiertos de ADN que pueden ser programados con esta información para crear una herramienta de diagnóstico portátil.

El olor del cáncer de piel

En el año 2008, parte del equipo actual reclutó a 11 voluntarios con carcinoma de células basales y a sus pares sanos emparejados por edad, sexo y origen étnico. Antes de tratar de identificar el olor del cáncer que padecían, todos los sujetos de estudio se sometieron a una semana de limpieza exhaustiva, durante la cual debían lavarse con jabón sin perfume y llevar camisetas especiales para eliminar los olores de fuentes externas.

Las muestras de olor del cáncer de piel se recogieron mediante un goteo de alcohol y la colocación de fibras absorbentes en la piel de los voluntarios. Aunque este experimento no logró desentrañar la ruta bioquímica de los compuestos sí demostró que las concentraciones de los mismos eran diferentes en los pacientes oncológicos en comparación con los sanos.

Otros estudios, anteriores al actual, se basaron en muestras de plasma. Mediante cromatografía de gases-espectrometría de masas (GC-MS) Petri y su equipo fueron capaces de identificar la mezcla química única asociada, en este caso, al olor del cáncer de ovario.

Detección temprana

“En la actualidad, la mayoría de cánceres de ovario tienen el tamaño de una cebolla en el momento en que son diagnosticados”, lamenta Petri; por eso “nuestro objetivo es aprovechar la información de los olores del cáncer cuando esta enfermedad mortal es del tamaño de un grano de pimienta y la tasa de supervivencia a 5 años es superior al 90%”, defiende.

Entre otros cánceres, el de ovario puede ser “muy tratable”, reitera el químico. No obstante, al ser detectado en etapa tardía, la tasa de supervivencia a 5 años cae al 28%. Según las estadísticas que maneja el Ovarian Cancer N?S Study, en 2015 se calculaba que de las 21.000 mujeres diagnosticadas al año morirían unas 14.000. “Desgraciadamente estas estadísticas no han cambiado”.