“La pérdida de la audición inducida por el ruido es un problema cada vez más preocupante”, advierte Faisal Zawawi, otorrinolaringólogo y autor del estudio, “y las personas que frecuentan ambientes relacionados con ruido, también suelen consumir cafeína, por eso necesitamos comprender mejor los mecanismos del TTS”, argumenta.

Para ello, realizó un experimento con 24 hembras de cerdo albino de las indias, divididas en 3 grupos aleatorios de 8 individuos cada uno. Una de las cepas fue sometida a sobreestimulación acústica, consistente en una hora de audición de tonos puros a 110 decibelios; un nivel que suele alcanzarse en la mayoría de los conciertos. 

Según publica JAMA Otolaryngolgy Head & Neck Surgery, a otra cepa se le administraron dosis diarias de 25 mg/kg de cafeína –la cantidad que suele encontrarse en una taza de café- por vía intraperitoneal durante 5 días. El tercer grupo se expuso tanto al ruido como al consumo de la sustancia. 

Para determinar los cambios morfológicos en los animales, los científicos examinaron las cócleas mediante un microscopio electrónico de barrido durante el mismo día de la exposición a ruidos y sustancias, y durante los días 4,8,11 y 15 tras el experimento. 

Al octavo día, el grupo que había sido sometido a ruido, pero no a consumo de estimulantes, había conseguido recuperar por completo todas sus frecuencias de audición mientras la tercera cepa continuaba experimentando molestias y zumbidos.