Glen Watson y Pei-Ciao Tang, principales autores del estudio, se han basado en la alta capacidad de estos animales para regenerar su propio tejido, especialmente las células ciliadas que cubren sus tentáculos.

La autorrenovación en estas actiniarias es tal, que les permite “reconstruir las dos mitades de su cuerpo cuando se dividen para reproducirse, así como reparar los cilios de la extremidad en tan sólo 8 minutos”, explican en la revista Journal of Experimental Biology.

Para probar la premisa, los autores recogieron células ciliadas cocleares de ratón y las sometieron a un daño similar al que sufre el oído tras exponerse a niveles de ruido extremo. Para ello recrearon un ambiente hostil, carente de calcio, que las células soportaron durante 15 minutos.

De esta manera se produjo un colapso en los estereocilios, un conjunto superficial de diminutas estructuras similares a pelos. El entorno adverso acabó por quebrar las cadenas de proteínas en forma de V que sirven para anclar el capilar a la célula.

Tras la rotura, las células capilares deterioradas “eran incapaces de absorber un tinte fácilmente asimilable por las unidades ciliares”. En este punto, los científicos trataron de repararlas con mucosa de anémona de mar.

Una vez aisladas, las proteínas reparadoras de los tentáculos se mezclaron con las células ciliadas dañadas de ratón. Tras 1 hora contacto, “los estereocilios ya no estaban separados, y las células habían mejorado lo suficiente como para absorber el colorante”, aseguran los autores.

Buscando en el genoma del ratón, los científicos hallaron que “estos animales producen muchas proteínas que están estrechamente relacionados con las de reparación de la anémona, lo que sugiere que el mecanismo de curación es adaptable para solucionar el daño auditivo de otros mamíferos”.