George Wanna, autor principal del estudio, y su equipo de la Universidad de Vanderbilt, examinaron los casos de 230 pacientes que portaban 3 tipos diferentes de implante coclear aprobados por la FDA. Los resultados, publicados en The Laryngoscope, sugieren que la presencia o ausencia del cable era el único factor distintivo que garantizaba una mejor audición y unas lesiones quirúrgicas mínimas.

Durante el estudio, los investigadores abordaron el impacto de los 2 principales enfoques quirúrgicos para insertar implantes cocleares: la técnica de la ventana redonda y la cocleostomía, que requiere la perforación ósea para llegar al oído interno del paciente. Esta última, conlleva un mayor riesgo de fibrosis durante la cicatrización, lo que, a su vez, desencadena una mayor pérdida auditiva.

“Nuestros resultados también revelaron que el uso de esteroides orales ayuda a preservar la audición a largo plazo mediante la prevención de la inflamación”, matiza Wanna, cuyas conclusiones “ayudarán a los cirujanos a elegir los mejores implantes cocleares y los abordajes quirúrgicos más adecuados para cada paciente”.