Hasta la fecha, el tratamiento de la sialoadenitis se limitaba a cuidados paliativo con antibióticos o antiinflamatorios y, en los casos más graves, a la extirpación de la glándula salivar obstruida. Dicha extracción implicaba el riesgo de lesión del nervio marginal y la presencia de una cicatriz visible. “Con la sialoendoscopia todos estos problemas ya no existen”, defiende Miguel Quer, especialista del Centro Médico Teknon: el primer hospital privado de Cataluña en introducir esta técnica.

El primer paso de la sialoendoscopia es la dilatación del conducto mediante sondas salivares y dilatadores. “Esta puede ser la parte más tediosa o complicada del proceso, sobre todo en el caso de papilas estenóticas o de difícil localización”, explica Quer en una nota de prensa. Después se procede a la introducción de la irrigación de suero, los instrumentos necesarios para la operación y un endoscopio semirrígido con un diámetro entre 0,9 y 1,3 milímetros.

La sialoendoscopia garantiza un postoperatorio corto y menos doloroso; además, casi no tiene contraindicaciones. “Únicamente se desaconseja la sialoendocopia en aquellos pacientes con una inflamación aguda, en los que el uso del sistema dilatador y el endoscopio aumentan la posibilidad de una posterior infección”, explica Quer, “quitado este caso, la técnica es posible siempre”.

Este abordaje permite, en definitiva, la realización de biopsias y la extracción de cálculos en las glándulas salivares sin necesidad de extirparlas, como sucede en el tratamiento convencional. La sialoendoscopia permite eliminar piedras de menos de 4 milímetros en la glándula submandibular y de menos de 3 en la parótida; pero también de entre 5 y 7 si se realiza una fragmentación previa. Para las piedras de más de 8 milímetros es necesario optar por otro tipo de técnica.