Según informa la Comunidad Valenciana, la Universidad de Aston (Reino Unido) es la encargada de coordinar iPlacenta, que reúne a una veintena de investigadores de alto prestigio de diferentes países de la Unión Europea, entre los que se encuentra el profesor e investigador valenciano.

Este se va a centrar en investigar sobre la detección del daño cerebral fetal intraútero ocasionado por la restricción de crecimiento, relacionando diversos marcadores moleculares como los microRNA, con la hemodinámica Doppler fetal y el desarrollo neurocognitivo posnatal. Contará con la colaboración de un investigador, que podrá contratarse en cualquier país europeo gracias a la ayuda obtenida.

Marcadores en sangre materna

En la actualidad, el control del crecimiento y bienestar del feto al final de la gestación se basa en la medición ecográfica del peso estimado fetal y en el estudio mediante el Doppler de su hemodinámica, especialmente del flujo umbilical y de la vasodilatación cerebral. “La correlación de ambas técnicas con el desarrollo neurológico resulta pobre e incierta”, asegura el especialista.

El objetivo de la investigación es encontrar nuevos marcadores analíticos en sangre materna que determinen el bienestar neurológico del feto. De esta forma, la ecografía y el Doppler quedarían como un método de cribado y la analítica como un método de valoración más preciso del desarrollo neurológico óptimo intrauterino.

Esa prueba para detectar el daño cerebral fetal supondría un avance equivalente al que han supuesto las pruebas de detección prenatal de anomalías genéticas en sangre materna.

En esta línea, las investigaciones recientes se centran en la valoración de marcadores epigenéticos como los microRNA, pequeñas moléculas que controlan el RNA mensajero una vez se ha transcrito a partir del ADN y que se sospecha que podría participar en numerosos procesos biológicos.

La incidencia de muerte fetal en España es del 3-4%, lo cual supone que afecta a uno de cada 250-300 fetos. Por su parte, la incidencia de restricción de crecimiento es del 5%, es decir, se da en uno de cada 20 fetos. El 80% es de inicio tardío y se produce después de la semana 34, por lo que resulta muy difícil de diagnosticar, generando daños sutiles a largo plazo.