La prevalencia de la obesidad es notablemente mayor entre personas que duermen mal y poco, y en niños esta probabilidad es mayor con un sueño inferior a la media (10,2 horas), tal y como han podido comprobar los investigadores. Concretamente, Alejandro Guillén Riquelme, investigador de la Cátedra, ha recalcado que, en general, se suele dormir menos horas de las necesarias.

Esta falta de sueño influye sobre el IMC, de la misma forma que un aumento del IMC (por diversas causas) también redunda sobre una reducción de las horas de sueño. Además, dormir poco incrementa la fatiga, lo que se vincula con una menor actividad física y ejercicio durante el día, que provoca que el sobrepeso y obesidad se agrave.

Según los expertos, los niños que duermen mal y menos horas de las necesarias tienen muchas más probabilidades de sufrir sobrepeso u obesidad que aquellos cuyo sueño es regular y adecuado a las necesidades propias de su edad.

Por otra parte, y según afirman los investigadores, dormir menos está relacionado con desequilibrios hormonales, que influyen directamente sobre el hambre. Los expertos matizan que, además de este aumento del apetito, los alimentos de elección suelen ser ricos en grasas e hidratos de carbono. Hecho que ya respaldan algunas investigaciones científicas.

Por todo ello, los expertos consideran necesario tener un mayor control de las horas de sueño de los niños para reducir las probabilidades de que desarrollen obesidad y otros trastornos asociados a la privación del sueño. En 2014, 41 millones de niños menores de 5 años tenían sobrepeso o eran obesos, según cifra la Organización Mundial de la Salud (OMS).