El estrés traumático experimentado durante el embarazo puede dar lugar a metilaciones en el ADN de los hijos; de manera que el sufrimiento mental ocasionado por la violencia física contra la madre sería, de alguna forma, transmisible entre generaciones. El estudio, financiado por el proyecto europeo MEMOTV, tiene como objetivo promover intervenciones humanitarias más eficaces.

La investigación, elaborada por la Oswaldo Cruz Foundation de Río de Janeiro (Brasil) y las universidades de Konstanz (Alemania) y Linköping (Suiza), se basó en los cambios genéticos y patrones epigenéticos de varias generaciones de mujeres residentes en las favelas de Río de Janeiro. Los autores del trabajo recopilaron 386 muestras de saliva, así como información sobre los historiales de violencia social o de la pareja.

A partir de ambos parámetros, la psicóloga Fernanda Serpeloni y su equipo realizaron predicciones sobre el ADN de los nietos cuyas abuelas habían experimentado violencia durante el embarazo. Tras analizar 5 ubicaciones en genes de regulación circulatoria, concluyeron que el estrés traumático durante el embarazo provocaba metilaciones en el ADN con independencia de la fuente de violencia.

Según la hipótesis que publica la revista Translational Psychiatry, algunos sucesos, como guerras o atentados terroristas, pueden desencadenar en el encéfalo una fase denominada “cascada de defensa”, que altera su función y genera comportamientos no deseados. Los hijos nacidos de generaciones que hayan experimentado estrés traumático por acciones violentas serían más temerosos o agresivos como resultado de una respuesta de adaptación del comportamiento.

Los autores consideran que desentrañar los mecanismos de plasticidad inadaptativa permitiría prevenir, e incluso revertir, sus consecuencias tanto en las víctimas como en los perpetradores de violencia. “En el futuro, los patrones de metilación del ADN prenatales podrían utilizarse como biomarcadores de salud psicológica y riesgo de afecciones psiquiátricas”, concluyen los autores que ya plantean una segunda investigación sobre los Cuerpos de Paz destinados a Sudáfrica y Burundi.