Sylvie Babajko y Katia Jedeon, biólogas moleculares y autoras principales del paper explican que, si bien no es un problema nuevo, si es llamativo el aumento de casos, que en algunos países llega a afectar al 40% de la población infantil, tal como publica la revista The American Journal of Pathology.

Tras realizar varios ensayos en ratas, el equipo de científicos ha hallado que el disruptor endocrino altera un pequeño grupo genético y actúa imitando la acción del estrógeno e interrumpiendo la de la testosterona. Esto daña la estructura mineral de los dientes que quedan debilitados y salpicados de manchas blancas lechosas.

Al igual que las cepas de ratas, los pacientes pediátricos afectados por este plástico son más proclives a sufrir caries y otras dolencias bucales. Las edades más vulnerables coinciden con la etapa de los dientes de leche; por este motivo los animales expuestos a BPA fueron hembras embarazadas y después sus crías.

La relevancia del estudio reside, según la comunidad científica, en sugerir que estos productos químicos pueden estar afectando a otras partes del cuerpo, por ejemplo, al calcio presente en los huesos o a la capacidad de reproducción humana -el INSERM ya publicó en 2013 un estudio sobre el efecto adverso del BPA sobre los testículos humanos-.