La inteligencia emocional influye en el rendimiento escolar, que también depende del autoconcepto y el apoyo percibido. Así lo confirma un estudio de Oihane Fernández Lasarte, investigadora del grupo PSIKOR de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). El trabajo indaga además en la variabilidad del rendimiento y la inteligencia emocional en función de la edad y el sexo.

Según informa madri+d, el estudio incluye a 1.894 estudiantes universitarios y de Secundaria. El análisis confirma que el rendimiento escolar depende en gran medida de la inteligencia emocional y del autoconcepto. Todas estas variables se ven afectadas además por el apoyo de la familia, los amigos y el profesorado percibido por los jóvenes.

“La inteligencia emocional se define como la capacidad de percibir, comprender y regular las emociones”, explica Fernández, para quien se trata de una variable que debe tenerse en cuenta a la hora de estudiar el desarrollo del alumnado y su ajuste escolar.

“El apoyo social percibido y el autoconcepto son también variables relacionadas con el éxito escolar del alumnado”, añade la investigadora, según la cual se ha centrado en la adolescencia y la juventud porque “son etapas con una gran cantidad de cambios a diferentes niveles que pueden conllevar riesgo de desajuste y la necesidad de adaptación personal, social y escolar”.

Diferencias por sexos

De acuerdo con los resultados, existen diferencias significativas entre sexos en cuanto a la inteligencia emocional y el rendimiento académico. Así, por ejemplo, mientras que las chicas tienen puntaciones más altas en atención emocional, los chicos muestran mayor reparación y claridad emocional. Por otro lado, las chicas presentan mayor rendimiento académico, así como mejor integración tanto con el profesorado como con el alumnado.

Esto, en opinión de la investigadora, puede estar relacionado con el estereotipo de género y lo que se espera de cada sexo. “También se corrobora el declive de las puntuaciones de esos valores durante la Educación Secundaria y su recuperación o mejora en la juventud universitaria”, apunta Fernández, que ha comprobado que la mayoría de las variables se relacionan de acuerdo con lo esperado. De esta forma, por ejemplo, cuanto mayor es el apoyo, mayor es el ajuste escolar.

“La inteligencia emocional por sí sola no influye en el rendimiento o ajuste escolar, que es lo que se esperaba encontrar. Necesita del autoconcepto”, apunta la investigadora de la UPV/EHU.

“Si se mejora la inteligencia emocional y a su vez se consigue mejorar el autoconcepto, en ese caso el ajuste escolar mejora significativamente”, agrega la autora del estudio, para la que es conveniente considerar los resultados del mismo “de manera que cada agente educativo ponga especial atención en trabajar las variables sobre las que mayor efecto ejerce”.