Las altas temperaturas, los desplazamientos, el aumento de sudoración o la exposición al sol son algunas de las situaciones típicas del verano que pueden ocasionar síntomas de deshidratación tanto a la madre como al niño. Con motivo de la semana de la lactancia, la Unidad de Cuidados Intermedios Pediátricos y Neonatales del Hospital de Manises ha publicado una serie de pautas para mejorar el amamantamiento en los días más calurosos.

Lo más importante es prestar atención, dice la pediatra Blanca Garrido. La madre no debe ignorar la sensación de sed; por el contrario “debe hidratarse de forma frecuente y mantener una alimentación saludable, rica en productos frescos y de temporada, con una oferta variada en todo tipo de comida”, recomienda. Para controlar su alimentación, la madre debe tener en cuenta el gasto extra de energía y líquidos que representan la producción láctea para su cuerpo.

“Hay que buscar lugares frescos y a la sombra para amamantar”, sugiere Garrido. Ante la tentación de frescor, la experta insta a las madres a alejarse de ventiladores y aires acondicionados o, al menos, a evitar que el lactante reciba la corriente directamente. Tampoco es necesario huir del sol, ya que contribuye a la producción de vitamina D y es beneficioso siempre y cuando se utilice protección -ya sean cremas o prendas- y se evite la exposición directa en las horas más calurosas.

En verano, el calor también puede producirse por el contacto cuerpo a cuerpo, por eso, los expertos de Manises recomiendan adoptar las posturas más cómodas. Una de ellas es la llamada posición de balón de rugby. “Se trata de apoyar el bebé sobre un cojín para que pueda mamar evitando el contacto directo”, explica; otra opción es recostarse y ofrecer la lactancia de lado. La lactancia durante los desplazamientos también tiene sus matices; así por ejemplo, ofrecer el pecho durante los aterrizajes y despegues del avión ayuda al bebé a evitar molestias en los oídos.

“Si se viaja en coche debemos parar para ofrecer el pecho, puesto que el bebé debe viajar siempre en un sistema de retención infantil adecuado”, recuerda Garrido. Entre las opciones también se encuentra la de refrigerar y conservar la leche materna. El proceso debe realizarse antes de una hora desde la extracción y, si no va a usarse antes de las 48horas, debe congelarse en botes de entre 120 y 150 ml. El tamaño responde aproximadamente a la cantidad que el bebé necesita en cada toma.

En cualquier caso, es habitual que el pequeño aumente la demanda durante los meses de verano. “Hay que ofrecerles el pecho con frecuencia, sobre todo a los bebés más pequeños”, reitera la experta, “la leche materna tiene aproximadamente un 85% de agua, por lo que no se necesita un aporte extra. En cualquier caso, existen ciertos signos de deshidratación fácilmente identificables: hipoactividad o irritabilidad, disminución en la cantidad de orina, y color y olor más intensos.